domingo, 9 de septiembre de 2012

Un día inesperado

Cuando salí de casa, nada hacía presagiar que ese sería un día diferente.
Mientras me dirigía del instituto a mi casa el destino quiso que ese mismo día viera por casualidad a unos matones matando a un hombre. Al ver que aún seguía con vida, quise ayudarle pero algo me lo impedía y me quedé quieta viendo como la vida de ese hombre se apagaba poco a poco, pero antes de morir, con un hilo de voz, me pidió ayuda. No pude hacer nada y en ese momento, uno de esos hombres se dio cuenta de mi presencia y cuando lo vi dirigirse a mí con el cuchillo que había matado al hombre manchado de sangre me asusté y empecé a correr. Cuando me di cuenta, se había hecho de noche y todo se quedó en silencio.
Intenté buscar durante horas un sitio donde quedarme y cuando estaba a punto de perder la esperanza vi a lo lejos un almacén abandonado durante años y entré sin saber lo que me podría encontrar. Cuando llegué había ratas correteando por todos sitios y no se aún cómo me quedé dormida.
Al día siguiente, me encontré atada en una silla vieja que chirriaba por la humedad a la que había sido expuesta.

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